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miércoles, 5 de diciembre de 2012

Raquetas de Salamanca

Hace unos días leí en un blog (La Zuccheriera) un comentario que suscribo plenamente sobre la calidad de las raquetas de Salamanca (las de comer, más que las de jugar). A la autora le habían gustado sobre todo las raquetas de Reglero, e inmediatamente después, las de Burgueño. Y nos recordaba que tanto Reglero como Burgueño habían desaparecido ya.

Tantas cosas que fueron parte importante de nuestra vida han desaparecido ya. Pero aún estamos nosotros, que las recordamos, y que podemos evocarlas. El día que también nosotros desaparezcamos, el día en que ya no podamos contar lo que sabemos, lo que conocimos, ese día desaparecerá con nosotros la memoria de una época. Una época extraordinaria.

Burgueño estaba en la Calle Zamora, casi enfrente de los Carmelitas, y fue durante años la pastelería bien de Salamanca. Las raquetas, desde luego, eran irreprochables, como lo eran las bambas o los pasteles. Hacían también unas pastas magníficas. Y es que en aquella época, en los años setenta, nuestras madres iban aún de visita a media tarde y era costumbre servir unas pastas de té. Aunque el té se bebiera más bien poco, excepto por razones de enfermedad.

Me gustaba más Las Conchas, también en la calle de Zamora, pero en la otra acera. Un poco más arriba, junto a la farmacia que aún existe. Más pequeña, creo que más barata, y con unos pasteles clásicos, de los de toda la vida. Milhojas y pitisús. Nata y crema, café y chocolate.

Reglero estaba en lo que hoy se vuelve a llamar calle Toro y nos quedaba más a desmano. Fui menos. Creo que a todos nos encantaban las galletas. Las Mayucas, desde luego, pero no solo.

Iglesia de San Martín (1973)

6 comentarios:

  1. Las Torres en la calle Zamora yo no la conocí. Pero anda que no me he comido yo bambas de Burgueño y palmeras de chocolate y también raquetas! De Reglero sobre todo echo de menos los ponches helados. ¡Qué gran pérdida aquellos ponches helados! Saludos!

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    1. Uff, el ponche helado de Reglero. Aquello era lo mejor del mundo. Además me divertía mucho pasar por el mostrador y obtener un ticket que salía del mostrador de forma «automática», algo parecido a los billetes de autobús.

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  2. Afortunadamente nos siguen quedando buenísimas pastelerías en Salamanca. Os recomiendo las raquetas de la panadería de la estación de autobuses, están riquísimas. En Madrid se les llena la boca con la Mallorquina y San Onofre pero como la nata de los pasteles de Gil todavía no he encontrado otra.

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  3. Cerca del final de la calle Zamora hubo una pequeña pastelería llamada Las Conchas. Estaba unida a una vivienda que fui a visitar con mis padres para ver si la alquilaban. Puedes imaginar cómo olía en todo el piso. Casi tuvieron que sacarme a rastras.

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  4. Lapsus. La pastelería de la calle Zamora a la que me refería era Las Conchas, claro, no Las Torres. En la parte alta, junto a la farmacia. La que tú dices, porque, que recuerde, en la Calle Zamora sólo había entonces dos pastelerías (Burgueño era la otra).

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  5. Pues yo recuerdo que de pequeña, allá por el año 59, en la pastelería Reglero tenían los pirulís más ricos del mundo. Han pasado mogollón de años pero yo aún los añoro.

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